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PALOMA RODRÍGUEZ 2º PREMIO COLUMNISMO FUNDACIÓN FRANCISCO UMBRAL

Nuestra alumna Paloma Rodríguez (2ª por la derecha en la foto) ha ganado el segundo  premio que convoca la fundación Francisco Umbral para jóvenes escritores con su artículo “Piensa, luego debe ser un empollón” que transcribimos debajo.
En el mismo, Paloma hace una inteligente reflexión sobre las etiquetas sociales y la excesiva categorización que, a la fuerza, termina simplificando la complejidad del ser humano.
Enhorabuena Paloma por este premio tan merecido.

Premio columnismoPiensa, luego debe ser un empollón.

***

Por naturaleza, el ser humano tiende a clasificar y seleccionar. Ayuda a nuestro pequeño vago cerebro a saltarse el embrollo que implica valorar cada elemento como individual. Esto supone un claro beneficio si lo aplicamos, por ejemplo, a cómo organizar un armario. Los calcetines irán en un cajón, el resto de la ropa interior en otro diferente, las camisas bien dobladas en la balda… Clasificar trae orden a nuestro alrededor, lo cual es un aspecto indiscutiblemente positivo; sin embargo, ¿debemos aplicar el mismo sistema a la hora de tratar con personas? ¿Debemos meter a aquellos cuya piel está cubierta de tatuajes en un cajón bien separado de aquellos otros con traje y maletín?

Desde el mismo instante en que el médico determina si eres niño o niña, la sociedad cuelga de tu tobillo una enorme etiqueta. Durante el resto de tu vida, lo primero que verán de ti será esa aparatosa marca. Será el sello que defina cómo deben tratarte, si deben darte dos besos o un apretón de manos, si deben pintar tu cuarto de rosa o azul, si deben comprarte una casa de muñecas o un camión de bomberos, y muchas otras suposiciones sexistas que tanto me desesperan.

El género será la etiqueta más grande y pesada, pero no la única. Tu aspecto, tu forma de vestir, tu dinero o tu trabajo harán que la gente cree una serie de prejuicios sobre ti basados en estereotipos que, muy posiblemente, distarán por completo de la realidad.

He aquí el primer gran inconveniente de las etiquetas unidas a prejuicios: no suelen acertar. Que un hombre en la parada del autobús lleve el pelo largo, barba y una camiseta del grupo Anthrax te dice que le gusta dicho grupo, y probablemente el thrash metal en general. Lo que no te dice es que sea alguien violento, o que beba ingentes cantidades de cerveza en festivales, o que no sea capaz de llevar una empresa seria o educar a sus hijos correctamente. Y entonces, ¿por qué muchas de esas ideas pasan por nuestras cabezas, a pesar de no tener ningún fundamento? Aparte de porque la sociedad nos ha metido en la cabeza tales estereotipos, porque es un atajo. Resulta muy conveniente no tener que esforzarnos en conocer a alguien para poder criticarle y hablar de él todo lo que queramos. O ser capaces de aceptar o rechazar a alguien de primeras sin pararnos a pensarlo dos veces.

Otro gran problema es el efecto que producen en la persona que es etiquetada y encasillada. Puede resultar desde ofensivo hasta cansino. ¿Por qué ser bisexual para muchos lleva implícito el ser promiscuo? Este y muchos otros pensamientos del estilo me parecen tremendamente dañinos por dos motivos: si no son correctos o son vistos como negativos, resultan agraviantes e insultantes; y el segundo, y no por ello menos importante, si son repetidos una y otra vez, el afectado termina por creérselo. El bisexual termina creyendo que debe ser promiscuo, así que lo es. El hombre que escucha thrash metal termina creyendo que debe actuar de cierta forma, así que lo hace. La niña termina creyendo que está obligada a, en un futuro, tener hijos y cuidarlos como cuidaba de sus muñecos. Por ser bisexual, por ser metalero, y por ser niña. Pierden la oportunidad de elegir, se les impone la elección.

Después de releer varias veces lo escrito, me doy cuenta de que abundan los porqués. Probablemente resuma mi postura acerca de las etiquetas a la perfección: ¿Por qué? ¿Por qué nos empeñamos en restringir a otros y a nosotros mismos? ¿Tan importante es el orden? ¿Más incluso que la libertad?

En definitiva, dejar atrás los prejuicios y despojarnos de las etiquetas supondría un avance mental considerable, ahorraría muchos malentendidos y empujaría a la gente a socializar de un modo más cercano, con más comunicación y menos suposiciones. Son todo ventajas.

Ahora, ¿quién empieza?

Sobre el Autor
"Dedicamos todo el esfuerzo a la formación integral de nuestros alumnos"

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